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Un cambio de carrera (casi) imposible: dejar la academia...

Actualizado: 10 abr 2023


Si estás familiarizado con los círculos académicos, seguramente conozcas el concepto de "Torre de Marfil". De hecho, si lo buscas en Google (yo lo acabo de hacer ahora mismo para confirmar mis dudas), esto es lo que aparece:


"un estado de aislamiento privilegiado o separación de los hechos y aspectos prácticos del mundo real."

¿Te has puesto a partirte de risa, como yo?


Es graciosos porque yo nunca me consideré una persona poco práctica o privilegiada, mucho menos en mi mundo de reclusión. Quizás por eso terminé mi doctorado en menos de 4 años y luego decidí que no era para mí. ¿Te sientes identificad@?¿Estás pensando en dejar la academia pero no te acabas de decidir? Entonces sigue leyendo...


Seguramente durante los años que pasaste en el mundo académico te convencieron, o te convenciste, de que realmente estabas en una Torre de Marfil. En parte es cierto. Que a un@ le paguen por leer y escribir no está mal, ¿no? Y claro está, cuando tu trabajo se basa única y exclusivamente en eso, es normal desarrollar un cierto sentido de superioridad intelectual, ya que no sólo lees, sino que te entrenan para poder criticarlo absolutamente TODO.


Y es aunque tiene sus cosas buenas (como todo en esta vida), cada vez me encuentro a más personas desencantadas de la academia por varias razones. Sin embargo, y a pesar del descontento, en el campo de la ciencias sociales y las humanidades son muy pocas las que deciden dar el salto, arriesgarse y decir: ¡Basta!


Supongo que es probablemente porque durante los últimos 8 años (sí, ahora me avergüenzo de ello) me he estado moviendo dentro de los círculos académicos, donde llegué a conocer a muchas personas (en su mayoría mujeres, pero últimamente también muchos más hombres), que después de terminar su doctorado se hartaron totalmente de la academia. ¿Por qué?


Si eres de l@s que aún no se acaba de decidir, en este post comparto algunos puntos que tal vez te ayuden a bajarte de la Torre de Marfil...


1. Migración "forzada". Sí, sé que suena muy mal y probablemente te estén viniendo a la cabeza imágenes de refugiados navegando por el Mediterráneo en un barco de mierda, pero así es como yo (y varios amig@s) nos hemos sentido durante muchos años. Cuando terminé mi doctorado, casi todo el mundo me animó a ir a por una beca, porque... “¡Ester, tú vales”! Sin embargo, se olvidaron de mencionar que muchas becas están vinculadas a tu hipermovilidad. Lo siento, me estoy poniendo demasiado académica aquí. En otras palabras, varias becas (al menos las que valen la pena) tienen como requisito que NO ESTÉS basado en países donde has vivido/trabajado/estudiado en los últimos x años. Mi doctorado tuvo lugar en los Países Bajos, el Reino Unido, Francia y Sudán, y luego viví en Alemania durante un tiempo considerable. Entonces, ¿quieres seguir en la academia? Bien, entonces múdate a un lugar desconocido (otra vez) y comienza tu vida de nuevo (otra vez). Por cierto, no mencioné que muchas personas terminan su doctorado a mediados de los 30, por lo que eso significa para muchos de nosotr@s tenemos dos opciones bien fáciles: o dejamos a nuestra pareja e hijos atrás, o los arrastramos a un nuevo país. ¿Tienes lo que se necesita para ser un@ académic@?


2. Sentirse inútil. Ok, esto puede depender del campo, pero dentro de la antropología/ciencias sociales, siempre acabé sintiéndome muy frustrada al saber que todas las historias que la gente me contaba estaban ahí para ser escritas en revistas académicas que nadie jamás leería. A lo largo de mi carrera como antropóloga llegué a conocer personas con historias de vida muy complicadas, que compartían sus problemas sin esperar recibir nada a cambio. Esta es la parte que más me gustaba y por la que siempre estaré agradecida. Sin embargo, ahí estaba mi vocecita: "¿Eso es todo?" Sí, eso es todo en la academia. Y al parecer sí lo es, porque en un sistema donde te dicen que te van a pagar y extender tu contrato cuantas más publicaciones tengas, pues es normal encontrarse con artículos, en pleno 2023, cuyo gran hallazgo es que las personas refugiadas usan Whatsapp para comunicarse con sus familiares y amigos (esto es cierto, no es una broma).


3. Las (MUY malas) contradicciones. La academia, como la Torre de Marfil que es, en realidad debería ser una especie de "ambiente de trabajo FLOWER POWER" donde se respetan tus derechos y te tratan tan justamente como cabría esperar... Sin embargo, aunque pasas todo tu tiempo leyendo y predicando sobre las mujeres, los derechos y el feminismo, y la importancia de la libre elección de las personas… tarde o temprano te encuentras con situaciones como estas:


a. Ya tienes entre 30 y 35 años y te das cuenta de que no quieres seguir cazando becas, por lo que le pides a tu antigu@ supervisor@ que por favor te escriba una carta de recomendación para un trabajo administrativo en una universidad, solo porque ya estás cansad@ de la carrera de ratas académica y te das cuenta de que tu vida y bienestar son más importantes. Y entonces un buen día recibes el e-mail de tu supervisor@ diciéndote que, por más que quiera ayudarte, no te va a hacer ningún favor escribiendo esa carta para un “puesto de trabajo tan bajo” porque...


"Eres demasiado buen@ para este puesto"




b. Luego están las mujeres como mi amiga, “La Kali” (como buena académica, uso pseudónimos), excelente antropóloga e investigadora, quien tras cometer el gran error de quedar embarazada, fue rechazada por su supervisor para un puesto de posdoctorado prometido con el argumento de:

“¿Cómo diablos vas a hacer trabajo de campo con esa barriga?"


4. Trabajar de gratis. Después llegan tus compañeros, los que todavía creen fervientemente en la misión de la academia en el mundo. Cuando estaba acabando mi doctorado, me "ofrecieron" un pequeño contrato


basura durante un tiempo. Tan basura fue que me dejaron sin seguro médico durante un mes, y nadie quiso ayudar. Cuando sí pidieron ayuda fue cuando, unos meses más tarde, encontré un trabajo en la industria, y al anunciar que me marchaba en julio, me exigían seguir corrigiendo exámenes hasta septiembre. Por supuesto, sin pagarme nada. Cuando me negué, no sólo me enfrenté al desprecio de mis jefes, sino al de mis compañeros bajo el pretexto:


"Así es la academia, todos lo hacemos"

(Y digo yo... ¿no será porque "todos" lo hacemos sin rechistar que el sistema está cada vez más podrido?)





¿Tienes más motivos? ¡Coméntalos abajo!


Dejar la academia no es fácil. De hecho, es más bien complicado según el campo. Lamentablemente existen muchos prejuicios contra la academia y l@s académic@s dentro de la industria, pero no es imposible, y creedme, merece la pena. Si te encuentr@s atascad@ en esto, ponte en contacto. Puedo ayudarte a salir o decidir quedarte en mejores condiciones.


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